espallargas
En estos días de vacaciones, en los que el descanso me ha sentado de maravilla, os reconozco que mi cabeza no ha desconectado demasiado. Me apasiona lo que hago así que para mí no supone ningún esfuerzo estudiar sobre nuevas técnicas o avances en medicina estética, al contrario, para mi es una motivación. Siempre quiero aprender algo nuevo, mejorar y ser mi mejor versión para los pacientes de mi consulta.

También he hecho “examen de conciencia” y he ido analizando esos pequeños detalles en los que puedo mejorar para que mis pacientes se sientan bien tratados y salgan felices.
Y sobre todo,  se mi iluminaba la cara recordando mi momento favorito en la clínica. Y de eso quería hablaros. De ese instante que me hace feliz, que me sube las endorfinas, que me alegra los duros días de trabajo, stress y madrugones.
¿Sabéis cuál es? Muy sencillo. Cuando un paciente se mira en el espejo después de un tratamiento y al ver su reflejo le cambia la cara y se dibuja una sonrisa en su rostro de satisfacción. Muchos dan las gracias, otros se ríen, hay quien se emociona, algunos  se quedan mudos mirándose con cara de asombro al ver cómo su cara puede volver a ser la de hace años o su cuerpo ha mejorado visiblemente o su cabello ha comenzado a salir con más densidad y fuerza.  Y eso para mí, como médico, es maravilloso. Ahora entenderéis con lo que me refería con mi momento favorito, ese momento que te gratifica y premia tu trabajo.
Hay estudios que demuestran que con la medicina estética se pueden arreglar hasta problemas mentales como la depresión. No me atrevería a afirmar tanto, pero sí puedo asegurar que mis pacientes ganan en confianza. Se ven con mejor cara, mejor cuerpo o mejor pelo.  Y eso sube la autoestima.
Huye siempre de aquel que te prometa tener una cara o cuerpo de veinteañera/o. La medicina estética nos ayuda a mejorar la firmeza, a corregir arrugas, a refrescar el rostro, a dar luminosidad a la piel o  a tener una cara más descansada.  Y en el cuerpo podemos eliminar grasa, tonificar, mejorar la circulación o la textura de la piel.
Que tus amigos te digan: “¡qué bien te veo, qué buena cara!” y no “¿qué te has hecho?”
Ese es mi objetivo con cada paciente. Y sinceramente, trabajar aportando felicidad y seguridad a los demás, hace que mi trabajo me resulte maravilloso.
Vuelvo con muchas ganas. ¡Os espero!

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